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Alimentos funcionales y compuestos activos para desarrollarlos


El aumento de la población que presenta enfermedades metabólicas nos ha llevado a hacer crecer el interés por los llamados "alimentos funcionales". Este término surgió en Japón en la pasada década de los 80 con el objetivo de reducir el gasto sanitario del gobierno asociado al incremento de la expectativa de vida de su población. Se retomaron las ideas de Hipócrates, Feuerbach y otros como ellos, para promover un sistema alimentario que desarrollara y comercializara alimentos con un efecto real, demostrado en la salud de los consumidores, más allá de su efecto nutricional.


Así, desde 1991 existe en Japón un reglamento para regular el etiquetado y comercialización de alimentos de consumo común, que contienen componentes con una función favorable y concreta en la fisiología y salud del organismo humano. La clave está en que esta función va más allá de su valor nutricional.


Estos componentes son lo que denominamos compuestos funcionales o compuestos bioactivos: sustancias químicas que se encuentran en pequeñas cantidades en los alimentos, sea de forma natural o añadida: cumplen funciones en el organismo que pueden promover un crecimiento y envejecimiento saludable.


Y ahora la pregunta lógica es: ¿cuáles son los componentes bioactivos de los alimentos? Pues unos cuántos, así que vamos por partes…


Reino vegetal


Si comenzamos por el reino vegetal, nos encontramos con cuatro grandes grupos reconocidos científicamente con ejemplos fácilmente identificables: probablemente los más conocidos son las sustancias fenólicas (resveratrol de uva o isoflavonas de soja), pero también están las azufradas (sulforafano de brócoli o aquellos que detectamos en el aroma a ajo o cebolla), las terpénicas (caroteno de zanahoria o licopeno de tomate) y las sustancias (betalaínas que dan color a la remolacha).


Reino animal


Pero también el reino animal aporta compuestos activos tan relevantes como los ácidos grasos omega-3 de pescados como atún o salmón o, péptidos (pequeños fragmentos de proteína) presentes en los lácteos o huevos.


Y podríamos ir más lejos poniendo ejemplos de compuestos y fuentes, pero tal vez sea más interesante conocer respecto a alguno de estos que ya hemos citado, por qué pueden ser considerados como ingredientes de interés para la formulación de alimentos funcionales.



tecnalia/25 de julio 2023

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